TURISMO SOMIEDO

Apartamentos Alba

Apartamentos rurales en Somiedo

Apartamento rural en Somiedo • 2 llaves • Asturias • España • Europa

Apartamentos Alba en el Parque Natural de Somiedo.
Reserva de la Biosfera.

Para disfrutar de la estancia en un típico pueblo de la Asturias rural, y sin renunciar a ninguna de las comodidades de la vida moderna, están diseñados los apartamentos ALBA, situados en CAUNEDO, dentro del Parque Natural de Somiedo, declarado Reserva de la Biosfera por la UNESCO en diciembre de 2000.

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Características generales Apartamentos Alba

Aparcamiento descubiertoEn la montañaCalefacciónLavadoraFrigoríficoEn el casco urbanoBañoHidromasajeHornoMicroondasTelevisión

Información de interés
Datos prácticos

Para disfrutar de la estancia en un típico pueblo de la Asturias rural, y sin renunciar a ninguna de las comodidades de la vida moderna, están diseñados los apartamentos ALBA, situados en CAUNEDO, dentro del Parque Natural de Somiedo, declarado Reserva de la Biosfera por la UNESCO en diciembre de 2000.

Partiendo de una casa, en la reconstrucción de la misma se emplearon materias nobles (piedra y madera), consiguiendo un acabado que los hace cálidos, acogedores y, en definitiva, entrañables. Se cuenta con cuatro apartamentos de gran amplitud, con entradas totalmente independientes que pueden dar alojamiento hasta 16 personas. La cocina está completamente equipada (vitrocerámica, lavadora, microondas, nevera y toda clase de utensilios y menaje). Todos los apartamentos disponen de TV y calefacción, así como ropa de cama y unos baños dotados de hidromasaje para que su comodidad y confort sean completos. También se cuenta con una zona anexa a la casa destinada a aparcamiento.

En el Parque Natural encontramos, además de la riqueza de su paisaje, fauna (martas, urogallos, lobos, tejones, corzos, rebecos, osos...) y zonas boscosas de especies autóctonas (hayas, robles, encinas), una amplia oferta de actividades tales como rutas de montaña, que se pueden realizar tanto a pie como en coche, rutas a caballo, bicicleta de montaña y montañismo.

Situación geográfica

Los APARTAMENTOS ALBA se encuentran en Caunedo, pueblo perteneciente a Somiedo, concejo o municipio que limita al Norte con el de Belmonte de Miranda; al Sur con la provincia de León; al Este con el concejo de Teverga; y al Oeste con el de Cangas del Narcea.

Caunedo se asienta sobre una suave ladera, protegido de los vientos a los mismos pies del Mocoso (1.471 m).

Accesos

  • Por Asturias: Partiendo de Oviedo, la principal ruta de acceso es la carretera nacional N-634, desviándose hacia Belmonte por la regional AS-15, en el cruce que hay a 1 km antes de Cornellana. Al llegar a Puente San Martín hay que continuar por la regional AS-227 hacia Belmonte, la cual, paralela al curso del río Pigüeña, conduce directamente hasta la entrada del Parque en Aguasmestas pasando por la capital del concejo (Pola de Somiedo) hasta llegar a CAUNEDO.
  • Por León: Partiendo de la capital leonesa, hay que llegar hasta La Virgen del Camino y tomar la autopista asturleonesa hasta La Magdalena. Desde esta localidad se toma la carretera comarcal C-623, por Sena de Luna, hasta Piedrafita de Babia, y desde allí se sigue hasta el puerto de Somiedo bajando éste hasta CAUNEDO.

En Somiedo se encuentran aún formas originales de vida que han servido a sus gentes, a lo largo de los siglos, para explotar, modelar y, en definitiva, hacer habitable una naturaleza que impone duras condiciones para su «domesticación», de la que posiblemente fueron pioneros pueblos agrícolas y ganaderos del prehistórico periodo Neolítico, aunque los vestigios arqueológicos más antiguos del concejo correspondan a la posterior Edad de Bronce (2.000 antes de Cristo); de entonces son varios túmulos, como el hallado en las proximidades de El Coto de Buena Madre (El Couto), o el hacha de talón y anillas descubierto en Santullano, lugar perteneciente a la parroquia de Pigüeces.

Posteriormente, los astures, siempre extraños a todo contacto con el exterior, encerrados en sus dominios e independientes de Roma hasta finales del siglo I a. de C., fomentaron en estas tierras, donde estuvieron representados por los pésicos —pueblo ocupante de la zona centro-occidental de Asturias—, una cultura castreña, en vigor desde el 500 a. de C. al 300 d. de C., que dejó en Somiedo asentamientos tan importantes como los castros aún por estudiar de El Castietcho en Gúa, La Corona en Pola de Somiedo, del que se ha dicho que posee siete fosos defensivos, y El Remonguilla en La Riera.

Asimismo fechables en la Edad Antigua y atribuibles a una civilización prerromana son varios hallazgos numismáticos. Hacia 1920, el asturiano Aurelio de Llano, egregio investigador y folclorista, anunció haber encontrado un denario ibérico de plata en Gúa. Años después, al cavar el terreno de un paraje cercano, bautizado como El Cavao de las Pesetas (El Coto de Buenamadre), con frecuencia solían quedar al descubierto varias monedas. Un estudio del conjunto numismático efectuado en los años cincuenta concluyó que se trataba de denarios de plata ibéricos acuñados en Segóbriga y datables en el año 130 a. de C., mientras que mucho más recientemente Carmen Fernández Ochoa defendía su pertenencia a un periodo comprendido entre el 105 a. de C. y la época de Augusto. Sin embargo, continúa siendo una incógnita cuándo y cómo llegaron hasta aquí y el porqué de su ocultación o guarda.

La huella de la dominación romana de Somiedo, menos profunda que en el vecino término municipal de Belmonte de Miranda y en otras partes del occidente astur al carecer aquél de oro u otros minerales atrayentes para el invasor, quedó especialmente impresa en la calzada del puerto de La Mesa, más comúnmente conocida como El Camín Real, una vía de alto valor estratégico abierta por los romanos por encima de los cordales para comunicar el centro de Asturias, Lugo de Llanera (Lucus Asturum), con la ciudad leonesa de Astorga (Asturica Augusta), enmarcándose así en la llamada «Ruta de la Plata». La importancia de esta ruta cimera, que era el principal acceso a Asturias desde la Meseta, fue tal que en sus inmediaciones se libraron destacables batallas durante la Reconquista; viajeros y mercancías transitaron habitualmente por esta calzada hasta finales del siglo XVIII. Juan Martín afirma que «resultó clave durante la época romana, la invasión musulmana y la posterior expansión del Reino Astur». En Somiedo, el Camino discurre por los cordales del límite oriental del concejo y atraviesa el alto de San Lorenzo. (Veáse el apartado «Calzada Romana».)

Somiedo, sobre cuyo territorio y primitivo nombre propio, Sumetum, aparecen las primeras informaciones escritas en el periodo altomedieval, a partir de los siglos XI y XII y gracias al gran desarrollo ganadero de Asturias, gana protagonismo, convirtiéndose en un espacio muy apetecible por sus ricos pastos y baldíos para los monasterios de la zona suroeste asturiana, dueños de grandes propiedades ordenadas de acuerdo con una abundantísima cabaña ganadera trashumante y poseedores de un enorme poder social, político y económico, hasta el punto de mandar por completo a finales del s. XII en la tierra somedana. Es el caso del monasterio de Santa María de Lapedo, instalado en Belmonte y ocupado por monjes, que dominaba el valle del Bajo Somiedo y el Pigüeña y cuya influencia a partir de la decimosegunda centuria fue la más determinante; del de Santa María de Gúa, fundado en la segunda mitad del XII por Fernando II de León (1157-1188) y su mujer doña Urraca, habitado por una comunidad de religiosas cistercienses —que en 1412 se trasladaron a Avilés—, a las que dicho monarca otorgó el coto de Gúa («desde la piedra del Puerto que está en el Campo pasado el reguero contra Babia, hasta la otra piedra que está en las tellas de Baldeyane») y regidor del Alto Somiedo y las Babias leonesas, así como del cenobio de San Salvador de Cornellana, en el concejo de Salas, propietario de Urria y el valle de Perlunes.

Sin embargo, como muy bien señala J. Martín, «a mediados del siglo XIII la política de distribución del territorio se modifica sustancialmente. Las donaciones reales a los centros monásticos desaparecen, a la vez que se fundan numerosas polas (pueblas), en áreas ya pobladas pero con una distribución de población dispersa. El objetivo de Alfonso X con estas medidas es potenciar la creación de centros urbanos que atrajesen y concentrasen la población, centralizando la vida administrativa y económica de los núcleos rurales circundantes, contrarrestando simultáneamente el poder de los monasterios», contra el que brota una manifiesta oposición. En 1269 el mencionado monarca concede carta de puebla a los concejos de Somiedo y Belmonte de Miranda, ubicándose inicialmente la pola en el lugar belmontino de Agüera, concedido para tal propósito por el poderoso cenobio tras las negociaciones mantenidas en marzo de ese año por los representantes concejiles con su abad. La primitiva puebla, que había fracasado en el intento de aglutinar ambos territorios y de adquirir estructura urbana, se traslada en fecha ignorada a su emplazamiento actual, la Pola de Somiedo, que en 1277 constituye una hermandad en el lugar de La Espina con el concejo de Avilés y las pueblas de Pravia, Grado, Salas, Valdés, Tineo, Cangas y Allande para garantizar el orden público y la protección de sus intereses frente a la ambición de las entidades monásticas de mayor peso en la comarca, que desde el siglo XIV comienzan un pausada decadencia, en favor de una nobleza laica que asume la defensa y administración de los bienes y derechos del monasterio, en régimen de encomiendas. El primer gran beneficiado de la nueva situación fue la dinastía de los Quiñones. Uno de sus miembros, Pedro Suárez de Quiñones, conde de Luna, en recompensa por su participación en el sofocamiento de las rebeliones del conde don Alfonso, recibe en 1396 de Enrique III, además de los municipios leoneses de Riba de Sil y Laciana, el de Somiedo, rompiendo así el rey su juramento de no enajenar tierra asturiana en favor de noble alguno. La sentencia favorable obtenida por el Concejo en 1496 supone su reversión a la Corona Real durante el reinado de los Reyes Católicos y el fin de una larga etapa de abusos y atropellos cometidos por el linaje de los Quiñones, al amparo del privilegio concedido, y combatidos por vecinos y vaqueiros con sus litigios y protestas ante la Corte. Sin embargo, esta liberación será efímera, pues otra gran casa, la de los Miranda, se hará, junto con los Omaña y los Flórez, con el total control de Somiedo, donde compra con fraude los cotos realengos de Gúa-Caunedo y Aguino-Perlunes, muy en la línea de la innoble práctica caciquil que en lo político y económico la caracteriza desde su ascenso al poder en el s. XVI hasta su desaparición de la escena asturiana en el XVIII. La inevitable decadencia de los Miranda coincide en el tiempo (ss. XVII y XVIII) con nuevos episodios del enfrentamiento por los pastos, como el de la llamada revolución de las cercas, que emprenden agricultores y ganaderos, cuyos intereses chocan con los de la nobleza. Ese agravamiento de la batalla por la propiedad y la utilización del territorio se explica, fundamentalmente, por el crecimiento demográfico. Es también éste el momento del afianzamiento de los vaqueiros de alzada como «grupo social y económicamente diferenciado», brillantemente estudiado en los últimos años por el antropólogo Adolfo García Martínez, quien efectuó su trabajo de campo en los muchos pueblos vaqueiros existentes en Somiedo, entre ellos La Falguera, Perlunes, La Peral, La Llamera, El Puerto y Caunedo (véase apartado «Vaqueiros»). Los miembros de este grupo étnico podrán administrar sus haciendas tras legalizarse en 1781 los cerramientos sobre los comunales, después de un prolongado contencioso del campesinado asturiano contra la nobleza y contra unas Ordenanzas dictadas por el gobierno del Principado que favorecían descaradamente la ganadería trashumante.

Ya en el siglo XIX acontece la guerra de la Independencia, obligando a la Junta Superior de Armamento y Defensa de Asturias a refugiarse «en Somiedo, en mayo de 1810 ante el hostigamiento del general francés Bonet, que llega a creerla disuelta. Procedente de Luarca, la Junta recorre la geografía somedana (Las Morteras, La Pola, Villar de Vildas, y Caunedo —Caunéo—), declara al concejo Cantón Militar, y huye hacia León ante el avance enemigo» (J. Martín). Después de finalizar el conflicto bélico, el concejo de Somiedo adquiere su configuración actual, una vez que se abole en 1827 el régimen señorial. De esta manera pasan a formar parte del Ayuntamiento de Somiedo dos cotos que estaban fuera de su jurisdicción: el de Clavillas y Valcárcel, propiedad de la casa de Omaña, y el de Aguino-Perlunes, que pertenecía conjuntamente a los Flórez y a los marqueses de Valdecarzana. Un tercer coto, el de Gúa-Caunedo, antaño en manos de la casa de Miranda, ya había sido adquirido por los vecinos a mediados del siglo XVIII.

La primera guerra carlista afecta al concejo. Aquí, en 1836, se producen «desiguales encuentros entre el batallón Primero de Asturias al mando de José Flores y el ejército liberal» (J. M. Rguez.) y el 26 de octubre de ese año la partida carlista del general Sanz, en su precipitada huida de Asturias ante el contundente acoso liberal, utiliza los puertos de La Mesa y Somiedo.

El concejo somedano entró en el siglo XX manteniendo la hegemonía de las actividades agrarias. En los primeros años la excepción sería la puesta en marcha en verano de 1917 de la Central hidroeléctrica de La Malva, la primera del concejo, explotada por la Sociedad Civil Privada Saltos de Agua de Somiedo; ubicada en el paraje conocido como Cueva de La Malva, en la margen derecha del río Somiedo —aguas arriba de la Mesta del río Saliencia— y al pie del monte Gurugú, desde entonces, ininterrumpidamente, la Central, que luego fue ampliada, sigue produciendo energía. Su establecimiento en la segunda década del siglo trajo la prosperidad económica, sirviendo de momentáneo freno a la emigración en un concejo amenazado por la despoblación. La Malva aprovecha el agua de unas cuencas topográficas que totalizan casi 39 kilómetros cuadrados y produce una energía media anual de 43 GWh.

Durante la guerra civil española quedó fijado el frente de lucha en el contorno de El Puerto, donde resultaron particularmente duros los enfrentamientos invernales entre las tropas republicanas y las de los insurrectos, con dominio alterno, que se rompió en octubre de 1937 coincidiendo con la rendición a los nacionales de la zona central de Asturias, que se mantenía fiel a la República. El 25 de octubre de ese año el teniente coronel Manso y sus hombres protagonizan la marcha definitiva sobre el concejo.

Después de la contienda civil, las actividades agropecuarias continúan siendo el soporte económico de Somiedo, que se especializa en la ganadería enfocada hacia la producción de carne para abastecer a la zona central de Asturias, sometida a una fuerte industrialización, a la que Somiedo permanece ajeno. La Central hidroeléctrica de La Riera, el segundo de los saltos de agua somedanos, que, aprovechando las aguas de los ríos Somiedo y Saliencia, comenzó a funcionar en enero de 1946, produciendo actualmente una energía media anual de 36 GWh, y las modestas explotaciones mineras de Saliencia (hierro) y Caunedo (cinabrio), abiertas entre 1950 y 1978, son lo más representativo de unas actividades no agrarias que siguen teniendo escaso peso en la economía local.

BIBLIOGRAFIA

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MARTINEZ CACHERO, Luis Alfonso: Alvaro Flórez Estrada. Su vida, su obra política y sus ideas económicas. Oviedo, 1961.

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VAZQUEZ, Víctor M.: Somiedo, energía y vida, edit. Hidroeléctrica del Cantábrico S.A. Oviedo, 1994.

Todos los pueblos de Somiedo, a excepción de El Puerto, tienen una o varias brañas situadas en zonas más elevadas de su entorno o incluso a una distancia considerable. Las brañas, que ocupan espacios ricos en pastos y agua, son sistemas más o menos complejos para aprovechar unos recursos, en teoría subsidiarios, por medio básicamente de la trashumancia ganadera. Es decir, al llegar la primavera, la mayoría de los vecinos de los pueblos llevan parte de su ganado a esos lugares, en los que permanece hasta el otoño, ascendiendo y descendiendo escalonadamente. La braña consiste, principalmente, en un área de pasto en abertal donde el ganado deambula y pasta conjunta y libremente. Los pueblos, a excepción de los vaqueiros de alzada, no suelen ser propietarios del suelo, sino que pagan por el aprovechamiento. En otras brañas, además del área de pasto en abertal, cada «vecino» posee un o varios prados de guadaña cercados de pared en los que recoge yerba seca, que almacena en las cortes o cabanas de la braña, y en los que en otoño pasta su ganado exclusivamente. Pero existen, igualmente, otras brañas en Somiedo que, además del área de pastos y los prados cercados, que en este caso son más numerosos, tienen también tierras de labor, en las que se sembraba y cultivaba gran variedad de productos: patatas, trigo temprano y trigo serondo, centeno, cebada, lentejas, etc., y algunos huertos de verdura.

Por otra parte, existe otro componente fundamental de las brañas, tal vez el más conocido aunque no siempre bien comprendido, se trata de las construcciones. Las construcciones de las brañas somedanas son un claro ejemplo de construcción popular, al igual que los hórreos, fuentes y lavaderos, molinos y pisones y las propias viviendas. Pero estas construcciones no se pueden catalogar como «arquitectura popular», pues arquitectura es un cultismo que se opone totalmente a lo popular y lo popular o cultura popular es paralela a la cultura oficial o académica. Las construcciones populares deben integrarse y ser analizadas desde la Antropología Cultural y no desde la Arquitectura Oficial o Cultura Oficial que, al ser más potente, la reduce a un fenómeno curioso, raro, pintoresco y típico. Las construcciones populares son elementos prácticos y responden, ante todo, a objetivos adaptativos al entorno y a las circunstancias reales del grupo humano que las genera. Es decir, se trata de un fenómeno tecnoecológico como muestran sus rasgos más peculiares (CEA, FERNANDEZ MONTES y SANCHEZ GOMEZ, 1990). Así, en el caso concreto de las construcciones de las brañas somedanas destacan los siguientes rasgos: el primitivismo, pues responden a una necesidad perentoria (cobijo, almacenamiento), se acomodan al medio por sus materiales y se armonizan con el entorno, la funcionalidad, pues domina lo empírico sobre la teorización, el naturalismo, pues se usan materiales naturales, con escasísima elaboración, la baratura, la simplicidad y la elementalidad, el mimetismo, pues son una prolongación del medio y no lo deterioran, la solidez, la heliotropía y la hidrofilia, etc. Estos y otros rasgos definen y ayudan a comprender las construcciones populares, no desde la Cultura o Arquitectura Oficiales, sino desde la Cultura Popular, y, en este sentido, lo rural sería el último ejemplo fiel de lo popular, del patrimonio etnográfico y, tal vez, el núcleo fundamental de la identidad cultural.

Pues bien, en muchas brañas las construcciones consisten en unos rústicos corros de piedra sin labrar y de falsa bóveda cubiertos de tapinos (tepes), o con la techumbre de madera y cubiertos de escoba. Estas construcciones son de escasas dimensiones, de tal manera que con frecuencia se camuflan en medio del paisaje, y sólo sirven para refugio del brañeiro (la persona que sube a la braña, ordeña, atiende y observa el ganado, pudiendo pernoctar allí durante el estío o bajar cada mañana al pueblo con la leche...) y para guardar los terneros de corta edad. El espacio no suele ser propiedad del pueblo. En otras brañas las construcciones son de mayores dimensiones y robustez con planta rectangular, son las cabanas o cortes, cubiertas de escoba (retama), teja o losa. En la planta baja está la cuadra para amarrar y alimentar el ganado, y encima el desván, cuyo suelo es de entrexíu o ciebu (un trenzado de varas de avellano apoyadas sobre vigas de haya) o de toscas tablas. El desván, que hace de henil o pachar, está comunicado con el exterior por una ventana llamada el buqueirón y con la cuadra por otra abertura en el piso denominada trapa, para subir al henil y bajar la yerba. La techumbre es de madera y está cubierta de escoba o de teja. La planta baja tiene una sola puerta de acceso y en un rincón al lado de la entrada puede haber un reducido compartimento, la habitación del brañeiro, separado del resto de la cuadra por un entrexíu o por un buláu (un tabique de tablas). En otros casos, esta pieza o habitación del brañeiro puede estar fuera adosada y se suele llamar casetu o cabano. En su interior, que no tiene ninguna división, el brañeiro tiene el llar o lumbre, el camastro o cama, algún comestible y unos pocos cacharros para cocinar, algunas herramientas y arreos e incluso la leña seca para la lumbre. Durante el verano, el brañeiro sube por la tarde, ordeña y aperia (atiende) el ganado, prepara su cena y pernocta en la braña; por la mañana vuelve a ordeñar y baja al pueblo con la leche, y así sucesivamente. En primavera y en otoño, en cambio, sube por la mañana, ordeña y suelta el ganado a pastar; por la tarde vuelve a recoger el ganado en la cuadra, le da una ración complementaria de yerba seca, ordeña y baja al pueblo a dormir.

En estas brañas es frecuente que existan olleras (fresqueras), en las que guardan, durante el día o por la noche, los recipientes con la leche. Estas olleras son cavidades construidas contra un talud o excavadas en el suelo y con una boca cuadrada hecha de piedra labrada; por el interior suele discurrir una corriente de agua procedente de alguna fuente próxima.

Hace dos o tres décadas, cuando los pueblos de Somiedo estaban más poblados, estas cabanas estaban todas habitadas durante parte de la primavera y del otoño por una o más personas; la vida en la braña era entonces más intensa y animada, hasta tal punto que se hacían bailes y filandones a los que acudían gentes de los pueblos y brañas cercanos. Los jóvenes se disputaban el ir para la braña, en parte por ese tono festivo y de mayor libertad y comunicación con los individuos de ambos sexos y de su mismo grupo de edad. Estos hechos llegaron a tener tal importancia que originaron, en ciertos casos, entornos y situaciones de cierta relajación moral hasta llegar a conocimiento incluso de las autoridades eclesiásticas y, ya a mediados del siglo XVIII, por citar un ejemplo, el obispo de Oviedo, D. Agustín González Pisador, arremetió con furia contra la inmoralidad y el libertinaje que existía en las brañas por «la simultánea concurrencia de Hombres, y Mugeres, Mozos, y Mozas en los Puertos, Brañas, Montes, e Invernales para custodiar, recaudar, y cuidar los Ganados, alojandose todos juntos en una misma Majada, Vega, Braña, ò Invernal, y aun asistiendo durmiendo mezclados, y sin diferencia de sexos en una misma casa, choza ò cabaña, aun en una misma cama» (GONZALEZ PISADOR, 1786, 117). Ante estos hechos, el prelado insta a los sacerdotes para que acaben con esta situación y al Rey y Señores de su Consejo para que persigan y castiguen a quienes así obren.

Finalmente, hay otras brañas con construcciones multifuncionales, es decir, se trata de casas-habitación a ras de suelo (terrenas) o en altura, con vivienda, cuadra y henil. Estas construcciones, de planta rectangular y cubiertas de escoba o de pizarra, sufrieron una serie de transformaciones a lo largo de los dos últimos siglos y, sobre todo, durante las últimas décadas. Actualmente, aún se conservan varios ejemplos que nos muestran esta evolución. Las más primitivas son una casa-habitación a ras de suelo; la planta baja, con una sola puerta de acceso, comprendía la cuadra para amarrar el ganado y, a la vez, la vivienda humana que debía albergar a una familia casi siempre numerosa, durante casi nueve meses al año. La vivienda estaba separada de la cuadra por un barganaz (especie de empalizada de madera) o por un buláu (división hecha con tablas colocadas verticalmente, desde el suelo hasta el techo) y sin divisiones; en un rincón, al lado de un ventano (ventana de reducidas dimensiones), está el llar y en las esquinas opuestas, los camastros; el suelo era de llábanas (losas de piedra). Además del llar y los camastros, en esta reducida pieza se guardaban algunos aperos y arreos, los enseres y algunas cosechas. Encima del llar, en el desván con el piso de entrexíu, estaba la piérgola, donde se colocaban las patatas, la leña seca y hasta algún camastro. El desván o henil, de considerables dimensiones, comunicaba con la planta baja por una abertura y una escalera, y con el exterior por el buqueirón. El techo era de madera y la cubierta de escoba o de pizarra.

Paulatinamente, estas construcciones fueron evolucionando. En este sentido, aparecen las dos puertas de acceso desde el exterior, una para la gente y el ganado menudo (ovejas, cabras, etc.) y otra para el resto de los animales, y una nueva pieza en la planta baja, la cortina; posteriormente, la separación entre la vivienda y la cuadra se hace por medio de un medianil de piedra. Más tarde, aparece la casa-bloque en altura, es decir la cuadra abajo, la vivienda en la primera planta y el henil en el desván; por último, llega la casa actual en que se tiende a separar cada vez más la casa-habitación de la cuadra y del henil, merced a los adosados, a las nuevas construcciones y a la frecuente utilización como cuadra y henil de las casas viejas o deshabitadas (GARCIA MARTINEZ, 1985).

En estas brañas, con construcciones multifuncionales, huertos, tierras de labor, prados de guadaña y extensas áreas de pasto y monte bajo, propiedad pro indiviso (sin partir) de los vecinos de la braña o de la parroquia, la vida es muy distinta a las demás brañas. Por una parte, las cabanas se llaman casas y en cada una reside una familia troncal de tipo extenso y generalmente numerosa. La familia permanece aquí casi nueve meses al año, desde marzo a noviembre, con todos sus animales y enseres. Llegada la época de marchar, algo que viene determinado por los factores climáticos, cada familia recoge sus animales, sus enseres y sus cosechas y se desplaza, antes a pie y ahora en vehículos, a los lugares de invierno, situados a varias decenas de kilómetros de distancia, donde residen hasta principios de la primavera, iniciándose así un nuevo ciclo. Este fenómeno se demonina trashumancia de largo recorrido o de radio largo. Este tercer tipo de braña lo constituyen los pueblos de los vaqueiros de alzada.

En segundo lugar, la actividad económica de sus habitantes no es en absoluto subsidiaria, como sucede en las demás brañas, pues estos lugares son su principal fuente de recursos. En ellos cultivan todo lo que el suelo y el clima les permiten: patatas, trigo, centeno, cebada y otros cultivos menores que sus moradores llaman los cucinaus. Además, en sus prados cercados recogen yerba seca, lo que les permite prolongar su estancia, a pesar de la altitud; estos prados producen también una pación d'otoñu. Las extensas zonas no cercadas propiedad pro indiviso son una fuente importante de recursos para el ganado, que pasta en ellos conjuntamente durante varios meses, al tiempo que provee de combustible a los hogares y, en ciertos casos, de material para cubrir las casas. Al mismo tiempo, dada la proximidad de estos lugares con Castilla, durante su estancia en ellos la mayoría de los varones se dedicaban con sus animales de carga al transporte de mercancías entre las dos regiones, la arriería, y al comercio, actividades que reportaban sustanciosos beneficios en metálico y en especie.

En el terreno social la vida en estas brañas es también intensa y no una mera asociación estacional y fortuita de individuos. La residencia en estas brañas otorga a sus moradores el estatuto de vecindad, de parroquialidad y de municipalidad, es decir, figuran como lugares de residencia, de nacimiento, de matrimonio o de defunción; en ellos hay escuelas públicas, capillas o iglesias, cementerios, santos y fiestas patronales, de tal modo que tanto la Iglesia como la Administración consideran a sus habitantes vecinos de pleno derecho, algo que no ocurre en el resto de las brañas somedanas.

Los datos obtenidos de este análisis hecho directamente sobre el terreno y con el apoyo de la documentación histórica, nos permite elaborar una tipología capaz de clasificar todas las brañas somedanas, tomando como criterios taxonómicos básicos algunas variables más determinantes, tales como las construcciones, las diversas formas de propiedad, organización y técnicas de explotación del espacio, el modo y el tiempo de ocupación y las relaciones entre sus moradores y entre la braña y el resto del municipio.

Pues bien, a la vista del análisis que se ha hecho y con los criterios que se acaban de exponer, las brañas somedanas se pueden agrupar en tres categorías específicas diferentes, si bien existen entre ellas ciertos aspectos comunes, como el predominio de la explotación por el «pasto a diente» y la ocupación estacional, que nos permite seguir llamándolas a todas con el nombre genérico de brañas.

1. Brañas estivales o de Primer Tipo. Pertenecen a este primer grupo las brañas de construcciones circulares, y con ello no queremos insinuar que la planta circular sea más antigua que las demás; estas construcciones de escasas dimensiones para refugio del brañeiro y para guardar terneros de corta edad, ya sea en el mismo corro o en uno contiguo, unas estaban hechas de hiladas de piedra formando una falsa bóveda (véase la braña de Sousas, por ejemplo) y cubiertas de tapinos (tepes), mientras que otras tenían el armazón de la techumbre de madera y la cubierta de escoba (braña de los Cuartos).

Respecto al espacio que rodea a las construcciones cabe decir que éste no está bien delimitado y es explotado por medio del pasto a diente y de manera colectiva por el ganado de los «dueños» de la braña. Estas brañas suelen estar ubicadas a bastante altitud y distancia respecto al pueblo o pueblos a que pertenecen, todo lo cual, unido al hecho de que en estos lugares no se recogía yerba seca, determina que estos espacios sólo se pueden explotar durante los meses centrales del estío y con aquellos animales que no necesitan ni alimento subsidiario ni cuidados especiales. Los rebaños, antes de subir o bajar definitivamente al pueblo, suelen permanecer algún tiempo en otras brañas más bajas y próximas al pueblo, que tienen cuadras y henil con reservas de yerba seca. Todo parece indicar que este Primer Tipo de braña es el más antiguo y, por tanto, sería tal vez la primera forma de controlar unos espacios comunales baldíos, que supuso sin duda un paso importante en la transición del nomadismo hacia la trashumancia ganadera.

En Somiedo existieron muchas brañas de este tipo, y aún en la actualidad perviven y se explotan muchas de ellas, si bien sus construcciones están en general muy deterioradas o casi derruidas por completo. Así, por ejemplo, cabría mencionar entre las más representativas, Sousas (Urria), La Mesa (Saliencia), Murias Llongas y Sobrepena (Valle del Lago), Fontaguín (Pola), La Cazcachosa (Robledo), El Cuérrago (Endriga, con construcciones también de planta rectangular), El Cutariellu, La Serrantina y El Culláu (Rebollada), Valdecúelabre (El Coto), etc., todas con corros predominantemente de piedra, con falsa bóveda y cubiertas de tapinos; los Cuartos y Fervillín (Villar de Vildas), Busbarraz (La Riera, Santiago Lermo y Villaux), Los Chozos del Trabanco (La Peral), El Resellar (Perlunes), etc., todas ellas con corros redondos con techumbre de madera y cubiertos de escoba.

2. Brañas equinocciales o de Segundo Tipo. A este grupo pertenecen la mayoría de las brañas somedanas. El grado de explotación y de conservación de las construcciones, de los cerramientos, de las fuentes y abrevaderos, de las olleras (fresqueras para enfriar y conservar la leche), es aún por el momento aceptable, si bien en algunas de ellas se observa ya en los últimos años un claro proceso de abandono y de deterioro, al tiempo que la actividad en todas ellas es mucho menos intensa que hace unas décadas, debido principalmente al fuerte descenso demográfico y al envejecimiento de la población.

Estas brañas se caracterizan por sus construcciones a ras de suelo, de planta rectangular y cubiertas, en su mayoría, de escoba y el resto de teja o de pizarra. Las dimensiones son muy diversas, pero considerables, con la cuadra abajo y henil en el desván; muchas de ellas poseen —hace unas décadas esto era más común—, en la planta baja a un lado de la puerta de acceso o en el exterior, una pieza diminuta que sirve de habitáculo para el brañeiro; asimismo, en el entorno de las cabanas hay una serie de prados cercados de pared seca y alguna fuente o abrevadero y olleras. La vía de acceso desde el pueblo suele ser, en general, un camino de carro, hoy de tractor. Brañas de este tipo, para sólo citar algunas de las más representativas, son: Mumián (El Coto), Fuexu (Caunedo), Las Morteras (Saliencia), Fuexu (Valle de Lago), La Corra (Arbellales), el Pando (Las Viñas), Montrondio o el Reconco (Aguino), Furniella (Castro), Fuentelinar (Villaux), La Raíz (Villamor), La Moral, Vildeo y La Pornacal (Villar de Vildas), Carbeinéu (Corés), Brañas (Perlunes), El Torno (La Rebollada), Los Quintos (Santullano), Cistierna (Santiago Lermo), etc. Muchas de estas brañas eran explotadas, sobre todo, en primavera y en otoño, pues al disponer de yerba seca y prados cercados, permitía afrontar con más tranquilidad los riesgos climatológicos.

3. Braña-pueblo o de Tercer Tipo. Pertenecen a este grupo aquellas brañas con construcciones multifuncionales, con huertos, tierras de labor, prados de guadaña de secano y de regadío y con extensas zonas de pasto y monte propiedad pro indiviso de los vecinos. Sus habitantes residen en ellas durante casi nueve meses, con toda la familia, animales y enseres, de tal modo que pueden conceptuarse, y de hecho así es, como pueblos; son los pueblos de verano de los vaqueiros de alzada. Hace algunas décadas había siete brañas de este tipo en Somiedo: Perlunes (la mitad somedanos estantes y la otra mitad vaqueiros), La Peral, El Llamardal, El Puerto, La Falguera, La Llamera y Llaneces, estas dos últimas en la actualidad son brañas de verano de Villarín y de Caunedo, respectivamente. Cabe reseñar el dato de que algunas de estas brañas o pueblos vaqueiros poseen, a su vez, brañas del Primer Tipo, como es el caso del Resellar (Perlunes) y Los Chozos del Trabanco (La Peral).

Los habitantes de estas brañas en invierno no bajan a pueblos somedanos, sino que trashuman a sus lugares de residencia invernal situados, a varias decenas de kilómetros, en otros concejos (actualmente, Salas y Belmonte de Miranda; hace unas décadas bajaban también a Luarca, Las Regueras, etc.).

Después de todo lo que llevamos dicho hasta aquí sobre las brañas, sólo resta interpretar este fenómeno desde el marco general de la cultura.

Desde la perspectiva que ya hemos esbozado anteriormente en este apartado, las brañas no son más que un aspecto de ese todo que es la cultura, considerada como un sistema abierto o como una forma compleja de adaptación del hombre al medio, vista desde la perspectiva del interaccionismo (STEWARD, 1955). En este sentido, las brañas, que son un fenómeno de claro signo económico, no pueden comprenderse plenamente si no se analizan sus implicaciones y repercusiones ecológicas y económicas, sociales e ideológicas.

En primer lugar, las brañas son un fenómeno tecnoecológico, altamente racional y funcional, es decir, una técnica para aprovechar unos recursos estacionales y competidos en el contexto general de un determinado ecosistema. En el caso de Somiedo, esta técnica tiene diferentes grados de desarrollo y consecuentemente la incidencia en el medio ecológico y en el terreno económico y social es distinta. Así, el Primer Tipo representa una forma muy arcaica y extensiva de explotar un espacio, por medio del pasto a diente de rebaños que suben a estos lugares durante los meses del estío. Su incidencia sobre el medio es escasa, al tiempo que los factores climatológicos condicionan y restringen enormemente la explotación de esos recursos. El papel económico, si bien es importante, es siempre subsidiario, y las repercusiones sociales son de escasa relevancia. Las brañas del Segundo Tipo, en cambio, son un fenómeno tecnoecológico más evolucionado y complejo. Las construcciones tienen mayores dimensiones y robustez, con cuadra y henil, el prado cercado y la reserva de yerba seca permiten explotar más eficazmente unos recursos, una forma semiextensiva, y permiten también adaptarse y hacer frente con más garantías a los factores medioambientales. Naturalmente, este tipo de brañas tiene una mayor repercusión sobre el medio, así como una importancia económica también mayor, pues aseguran el sustento de parte de la cabaña ganadera en primavera y en el otoño. En los demás planos de la cultura, estas brañas también tienen más repercusiones. Con mucha frecuencia el somedano habla de los brañeiros, de la vida de la braña, de subir o bajar de la braña, de los filandones de la braña, de la alegría o la dureza de la braña, del libertinaje y ambiente festivo de la braña, incluso al margen de la moral, y hasta existe un cierto folclore de la braña, etc., en contraste con el pueblo que sigue siendo, no obstante, el marco de referencia y el núcleo central de la vida y de la cultura somedana. Puede decirse que la braña, particularmente este Segundo Tipo, contribuyó a originar y a alimentar en el habitante de Somiedo una cosmovisión de carácter dualista, que gira en torno al pueblo y a la braña, y que, sin llegar a originar una doble morfología social, como sucede en el Tercer Tipo, trasciende, sin embargo, a todos los campos de la cultura.

PUEBLO: BRAÑA

Invierno: Verano

Abajo: Arriba

Escasez: Abundancia

Letargo: Acción

«Muerte»: «Vida»

Individualismo: Colectivismo

Norma: Libertad

Incluso, por citar algún ejemplo concreto, las fechas de las grandes ferias de ganado que se celebran anualmente en Somiedo y en otros municipios cercanos desde hace siglos están claramente determinadas por el ritmo que marcan las brañas, al igual que muchas fiestas e incluso otros acontecimientos como bodas, bautizos, etc.

Finalmente, las brañas del Tercer Tipo son un fenómeno tecnoecológico mucho más desarrollado. Las construcciones multifuncionales, las tierras de labor y los prados de guadaña, son un forma tecnoeconómica que permite explotar los recursos y posibilidades del medio de un modo más intensivo. Por contra, las repercusiones sobre el propio ecosistema son más profundas. Por otra parte, el hecho de que sea toda la familia la que se desplaza a estas brañas desde la residencia invernal, con todos sus animales y sus enseres y permanezcan aquí una buena parte del año, originó una serie de fenómenos.

Por una parte, los vaqueiros de alzada, que es como se denomina a los habitantes de estas brañas del Tercer Tipo, lograron colonizar y hacerse dueños absolutos de unos espacios cuyos recursos son necesarios, predictibles y no demasiado abundantes por ser muy competidos (ss. XV, XVI, XVII y XVIII, especialmente), desplazando a los demás competidores. Nos encontramos ante un caso típico y claro de territorialidad, tal como lo ha definido en términos generales la Antropología Cultural (DYSON y SMITH, 1983). Cuando esto sucede, aquellos que logran colonizar y adueñarse de los recursos competidos se transforman en un grupo o población étnica, y paulatinamente se les atribuye orígenes raciales diferentes al de la población desplazada, tal como ha puesto de manifiesto también la Antropología Cultural entre otros grupos humanos del mundo (WHITE, 1964).

Pues bien, los vaqueiros de alzada, desde finales del siglo XV hasta el primer cuarto del siglo XX, llevan a cabo una encarnizada lucha, en particular desde fines del XV hasta el primer cuarto del XVIII, con otros ganaderos —pueblos colindantes de Somiedo y Babia, monasterios y casas nobles— por el control y la propiedad exclusiva de sus actuales brañas o pueblos, tanto de los de verano como de los de invierno. A esto hay que añadir que durante una parte del año se ausentan por completo del concejo, con frecuencia sin haber saldado sus cargas y obligaciones vecinales, concejiles y eclesiásticas. Estos y otros factores originaron y alimentaron la etnicidad de los vaqueiros de alzada, un fenómeno que tuvo una enorme repercusión económica, social e ideología en Somiedo y en el fenómeno de las brañas (GARCIA MARTINEZ, 1988a). La formación y consolidación de este grupo étnico y de este tercer tipo de braña pasó, al menos, desde sus orígenes a finales del siglo XV, por tres momentos cruciales. En primer lugar, los cerramientos para colonizar y explotar unos espacios controlados por monasterios primero (Gúa, Belmonte, Corias) —siglos XI-XIV— y casas nobles después (Miranda y Quiñones, sobre todo) —siglos XV-XVII—. En segundo lugar, las redenciones jurisdiccionales o compra de la propia independencia frente a la nobleza —siglo XVIII—, una compra que, en ciertos casos, se paga a plazos, como es el caso del Puerto de Somiedo. Finalmente, la adquisición por compra nominal y pro indiviso de los espacios no cercados —finales del siglo XIX y primer cuarto del XX—, con lo que pasan a ser dueños «desde la piedra del río hasta la hoja del árbol», según rezan los documentos. Este proceso consolida a los vaqueiros de alzada como un grupo étnico bien diferenciado y, a la vez, marginado por el resto de la sociedad. Por su parte, el vaqueiro cultiva y alimenta esa identidad y preserva sus recursos mediante pautas culturales bien definidas y peculiares, tal como la arriería y el comercio, actividades que desarrolla desde sus orígenes en el siglo XVI y que son propias de otras etnias, la endogamia intergrupal y una clara exogamia intragrupal, la insolidaridad hacia fuera y la solidaridad hacia dentro, la brujería y la magia, su actitud ante la autoridad establecida, etc. (GARCIA MARTINEZ, 1988a, 1989 y 1991).

Adolfo García Martínez

Doctor en Antropología, Catedrático de E.S. y Director del Ecomuseo del Parque Natural de Somiedo

El palacio del conde de Villarín y vizconde de Torata, en Villarín, fue casa solariega de un ilustre de este pueblo, Jerónimo Valdés Sierra (1784-1855), destacado militar, político y escritor, que recibió por sus muchos méritos los citados títulos nobiliarios, cuyo hijo, Fernando Valdés y Hevia, reedificó en las postrimerías del siglo XIX la actual mansión palaciega sobre la anterior. La construcción, caracterizada por una absoluta sobriedad ornamental, emplea, según M. Zarracina, elementos de la tradición arquitectónica regional. Presenta una fachada custodiada por dos torres, vanos con marcos lisos y balcones en la planta principal. La profusión de huecos se explica por la búsqueda de luminosidad, ligereza y elevación.

En las proximidades del palacio se encuentra la capilla-panteón, del año 1873, donde reposan los restos de Jerónimo Valdés y su esposa.

Completa el conjunto un pequeño bosque de grandiosas coníferas.

La iglesia de San Salvador, en Endriga (valle de Saliencia). Está dentro de la línea tradicional y popular asturiana de los siglos XVII y XVIII. Es de reducidas dimensiones, con una planta muy compartimentada a nivel espacial. Cuenta con una nave estrecha y alargada, con coro de madera a los pies, crucero con pequeñas capillas laterales y holgado testero, así como cabildo al lado sur. Contiene tres retablos, uno de ellos —el mejor exponente, sin duda, de la imaginería barroca de Somiedo— realizado por el escultor ovetense Manuel Fernández Manjoya, documentado, según Germán Ramallo, en 1755. Consta de dos pisos y ático, con tres calles, destacando los plintos de las columnas. Domina en todo él una recargada y menuda decoración. Recientemente ha sido objeto de rehabilitación.

El interior acoge también una imagen de la Virgen de la Mesa, de fines del s. XVII o inicios del XVIII, «que la leyenda relaciona con una victoria de Pelayo conseguida sobre los musulmanes durante la Reconquista» (Fernando Lorenzo Alvarez).

Esta ruta está calificada como «Sendero de Gran Recorrido (G.R.)» • Acceso: Se inicia el recorrido en Puerto de San Lorenzo, siendo el final en La Bustariega • Distancia: 9 km • Dificultad: Baja • Duración aproximada: 3 h • Itinerario: Puerto de San Lorenzo - Campa Cueiro - La Bustariega.

Descripción de la ruta

La ruta parte del puerto de San Lorenzo (1.394 m), alcanzable éste desde el pueblo somedano de La Riera, tras 11 km de ascensión por una sinuosa carretera, o desde La Plaza, capital del concejo de Teverga.

Desde el puerto se toma una vereda que sale en dirección noroeste, dejando a la derecha la pista forestal que arranca del mismo punto. La ruta discurre siguiendo el trazado de la vía que fuera primero calzada romana y principal camino de acceso a Castilla después, incluso en tiempo de Jovellanos. El camino transcurre por la ladera oeste de la Sierra de la Verde, a los pies de Peña'l Caspu, el Picu la Mirandiella, el Picu Vingladoiro o de la Abeja, los picos de la Verde y Las Troncadas. Este tramo ofrece a la vista una espléndida panorámica del concejo de Somiedo, el cordal del Cornón y la Sierra del Páramu. Puede hacerse un alto para disfrutar del paisaje a la altura de Las Troncadas, donde existe una fuente en la que hacer provisión de agua.

A continuación la vereda desciende hasta el L.lanu Fasqueru (1.446 m), desde donde se divisan el concejo de Teverga y Peña Sobia, así como el somedano valle de Clavil.las. En dirección noreste se cruza esta collada hasta alcanzar la Campa Cueiro, vértice de unión de los concejos de Somiedo, Belmonte de Miranda y Teverga. En este lugar se celebra todos los años, a primeros de septiembre, la romería de Santa Marina o Virgen del Cueiro, reunión de los vecinos de los tres concejos citados y del cercano de Grao. En esta fiesta, que antaño fue importante feria ganadera, se disputan carreras de caballos y diversas competiciones de deporte rural. Desde este punto se divisa la inmensa pradera de la Veiga de Cueiro.

Junto a la Campa Cueiro, la ruta abandona el Camino Real y prosigue por una pista que sale a mano izquierda y discurre en dirección al Picu Monegru, identificable por la antena de su cumbre. Se deja el pico a mano derecha y se continúa en descenso al pueblo de La Bustariega, uno de los más bonitos, bien conservados y desconocidos de Somiedo, donde se puede admirar una de las mejores muestras de la arquitectura tradicional somedana.

Observaciones: Dadas las características de la ruta, es conveniente utilizar dos vehículos, dejando uno en el Altu San L.lorenzu y el otro en La Bustariega. Otra opción es hacer la ruta dividiéndose en dos grupos y comenzar cada uno en un extremo, para intercambiarse las llaves de los coches en un punto de encuentro intermedio previamente establecido. Por último, se puede considerar la posibilidad de alquilar algún medio de transporte para realizar el camino de regreso.

Comarca del Camín Real de la Mesa

Pola de Somiedo

En el municipio de Somiedo

Pola de Somiedo (capital del concejo), nombre tradicional: La Pola. Villa de la parroquia de Pola de Somiedo (Somiedo). Dista 69,00 km de la capital de la provincia (Oviedo) y se encuentra a una altitud de 700 m. Cuenta con 121 viviendas (la parroquia 164) de las cuales 65 son viviendas principales y 56 viviendas no principales.

El municipio de Somiedo tiene 15 parroquias: Aguino, Clavillas, Corés, ...

Pola de Somiedo
Pola de Somiedo
Iglesia de San Pedro de Pola de Somiedo
Iglesia de San Pedro de Pola de Somiedo

Iglesia de San Pedro de Pola de Somiedo

En el municipio de Somiedo

La pequeña iglesia parroquial de San Pedro, en Pola de Somiedo, de buen sillar en fachada y espadaña, exhibe sobre la puerta la fecha de su erección (1751). Inicialmente, parece que se la dotó de planta rectangular; más tarde se agregó un cuerpo a cada lado a la altura del centro de la nave, mostrando el del costado norte el escudo de los Flórez Estrada. A ambos extremos del blasón figura una inscripción, recogida por Sarandeses: «A Francia fue un caballero / de los Flórez ...

Parque de la Prehistoria de Teverga

En el municipio de Teverga

HORARIOS

01/10 a 30/11:

  • Miércoles a viernes: 10:00 a 14:30 y 15:30 a 18:00 h.
  • Sábados, domingos y festivos: 10:30 a 14:30 y 16:00 a 19:00 h.*.
  • *En noviembre, el horario en fin de semana será de 10:30 a 14:30 y 15:30 a 18:00 h.
  • Lunes y martes cerrado (excepto 31/10 y 01/11).

01/12 a 31/12:

  • Miércoles a viernes: 10:00 a 14:30 y 15:30 a 17:30 h.
  • Sábados, domingos y festivos: 10:30 a 14:30...
Parque de la Prehistoria de Teverga
Parque de la Prehistoria de Teverga
Cueva Huerta
Cueva Huerta

Cueva Huerta

En el municipio de Teverga

Localización: Se halla en el concejo o municipio de Teverga (Asturias), en el desfiladero del río Sampedro.

Acceso: Se encuentra muy próxima a la carretera de Teverga-Puerto Ventana, a menos de 1 km del cruce de acceso al pueblo de Fresnedo.

Visitas guiadas: Se realizan dos tipos de visitas. Una es la visita de PASARELA, un recorrido por la pasarela de la cueva, de unos 50 minutos de duración y apta para la mayoría de las personas. La otra es la denominada ESPEOLOTURISMO y ...

Festival de la Fresa de Candamo

En el municipio de Candamo

El primer domingo de junio miles de personas de toda Asturias se reúnen en Grullos (capital del concejo o municipio de Candamo), en uno de los festivales gastronómicos regionales más reputados: el Festival de la Fresa, producto emblemático de Candamo.

Vecinos de todos los pueblos exponen y venden parte de su producción, que desaparece en pocas horas, optando a cuatro galardones: fresas de oro, plata y bronce, y premio a la originalidad.

Festival de la Fresa de Candamo
Festival de la Fresa de Candamo
Fundación Oso de Asturias
Fundación Oso de Asturias

Fundación Oso de Asturias

En el municipio de Proaza

El oso pardo (Ursus arctos) es una de las especies animales más amenazadas de la fauna ibérica. De hecho, es la única que con la categoría de «En Peligro de Extinción» viene recogida en el Catálogo Regional de Especies Amenazadas de la Fauna Vertebrada del Principado de Asturias, al igual que en el Catálogo Nacional de Especies Amenazadas. Multitud de causas han llevado al oso a esta dramática situación (caza furtiva, pérdida de hábitat, etc.) que en gran parte persisten hoy en día.

Primera Flor de Grado

En el municipio de Grado

El mercado de la villa de Grado (capital del concejo o municipio de igual nombre), que se celebra miércoles y domingos, es uno de los elementos más señeros de la vida moscona. La riqueza de sus vegas y su tradicional producción agrícola justifican la existencia de estos dos mercados semanales, así como la celebración de varias ferias específicas, denominadas, respectivamente, la Primera Flor (domingo después del domingo de Pascua) y la Segunda Flor (siete domingos después de la primera).

Primera Flor de Grado
Primera Flor de Grado
Fiesta de la Alzada Vaqueira
Fiesta de la Alzada Vaqueira

Fiesta de la Alzada Vaqueira

En el municipio de Belmonte de Miranda

La Alzada Vaqueira es una fiesta que comenzó a celebrarse en Belmonte en el año 2003 y que pretende poner en valor las costumbres autóctonas, de ahí que haya tomado el nombre de los vaqueiros de alzada, por ser protagonistas en esta tierra. Hay más de una docena de talleres en vivo relacionados con oficios tradicionales (filandeiro, madreñeiro, xarreiru, goxeiru, meleiru...) que se desarrollaban en el entorno rural y otros tantos puestos de venta de artesanía, además de actos...

Situación Apartamentos Alba
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